La pregunta que los datos no pueden responder solos
Hay una diferencia entre un corredor urbano que mueve personas y uno en el que una persona puede quedarse. La diferencia no es funcional; es fenomenológica. Un espacio puede tener flujo, accesibilidad y criminalidad dentro de promedios aceptables y, aun así, producir en quien lo transita una contracción del cuerpo, una aceleración del paso, una decisión silenciosa de no volver.
Esa es la pregunta de FenomenologiaUrbana: ¿bajo qué combinación de condiciones colapsa la habitabilidad de un corredor urbano? No cuándo se vuelve peligroso según el registro oficial, sino cuándo la experiencia de tránsito se suspende. Y si esa pregunta puede hacerse con método.
El caso es el corredor San Antonio–Junín–Parque Berrío–Plaza Botero en el centro de Medellín, la comuna 10: Metro, centralidad peatonal, comercio formal e informal, patrimonio, vigilancia, habitantes de calle, turismo. Las capas no conviven armónicamente y la experiencia ocurre en su roce.
Husserl en el centro de la ciudad
La apuesta filosófica del proyecto parte de una advertencia de Husserl que sigue siendo incómoda: toda formalización olvida su origen en el mundo de la vida. La matemática no es falsa; es incompleta si no pregunta de dónde viene su material. Aplicado a la ciudad, esto significa que un modelo de flujos peatonales que no pregunte por la experiencia corporal del tránsito está respondiendo algo distinto a lo que cree responder.
Merleau-Ponty precisa: el cuerpo no ocupa el espacio como un objeto entre objetos, lo habita, lo anticipa, lo padece. Foucault añade que la circulación no es libre; está orientada por dispositivos, vigilancia, infraestructuras que modulan qué cuerpos pueden detenerse dónde.
Esa articulación no es decoración. Produce tres planos analíticos que el modelo computa de manera diferente. M1 es la materialidad física: ruido, PM2.5, iluminación, densidad. M2 es la experiencia del agente: percepción de riesgo, orientación, preferencias de ruta. M3 es la materialidad normativa: vigilancia, comercio, regulación, memoria urbana. La experiencia emerge de las relaciones entre los tres planos, no de ninguno por separado.
La máquina que simula la fricción
Sobre esa estructura filosófica se construye un modelo computacional que toma en serio sus propias limitaciones. M-MASS, el núcleo de simulación, corre un solucionador de ecuaciones de reacción-difusión sobre una malla de 16.7 millones de celdas para modelar la dispersión de estresores ambientales —PM2.5, ruido, presión acústica— como señales que modifican la probabilidad de elección de ruta sin una orden centralizada. Los agentes no reciben instrucciones: responden a gradientes.
Los agentes aprenden sus políticas de navegación con aprendizaje por refuerzo profundo. La función de recompensa codifica costos de tiempo, riesgo y exposición corporal. Hay cinco perfiles: transeúnte rápido, comprador, turista cultural, vendedor ambulante, persona con movilidad reducida. La diferenciación importa porque la restricción de ruta no es homogénea.
El resultado no es una predicción de trayectorias individuales. Es un mapa de fricciones emergentes: dónde se concentran las rutas, cuánta entropía tienen las trayectorias, qué tan desigual es la libertad de movimiento entre perfiles. La divergencia de Kullback-Leibler entre franjas horarias convierte la experiencia en algo discutible sin pretender que la captura por completo.
El problema del kappa
Aquí el proyecto se vuelve honesto de una manera que vale la pena detenerse a mirar. Dos observadores formados recorrieron en paralelo cuatro nodos del corredor y registraron de forma ciega su percepción de seguridad. Tras binarizar las escalas, el coeficiente kappa de Cohen resultó exactamente 0.0: acuerdo al nivel del azar puro. El caso más radical fue el Parque San Antonio, donde el mismo espacio fue leído como tranquilidad contemplativa por uno y como paso del terror por el otro.
Ese resultado no es un fallo. Es la tesis misma convertida en dato empírico. La atmósfera urbana no es una propiedad geométrica del espacio: es un fenómeno que se constituye en la articulación entre cuerpo, biografía y entorno.
La consecuencia metodológica es directa: si un solo observador no puede representar el espacio, la fenomenología pura es estructuralmente insuficiente. No para ser descartada, sino para obligar a una triangulación. De ahí la regla 3-de-4: una celda del corredor (nueve nodos por cuatro franjas horarias) solo se reporta como colapso fenomenológico si al menos tres de cuatro condiciones heterogéneas convergen. Criminalidad registrada, seguridad percibida en encuesta situada, habitabilidad declarada en entrevistas escritas y saturación material medida con YOLO11 en videos POV procesados sobre hardware con dos GPUs en paralelo. Ningún registro tiene autoridad por sí mismo.
Lo que el modelo sabe y lo que no sabe
El proyecto declara sus límites con una claridad que no es habitual. Al cierre del trabajo, la condición C2 (encuesta de seguridad percibida) está ausente; la regla 3-de-4 opera de facto como 3-de-3, sesgando los resultados hacia fricción acumulada antes que hacia colapso. La conclusión no es que el corredor no colapse; es que con la evidencia disponible aún no puede afirmarse.
Un modelo que confunde ausencia de evidencia con evidencia de ausencia no es útil. Este proyecto trabaja esa distinción explícitamente: de las seis celdas en fricción acumulada, solo dos son robustas según análisis bootstrap y barrido de umbrales; las cuatro restantes se reportan como frágiles.
El pipeline HPC con visión por computador procesa videos del corredor en dos GPUs en paralelo, detecta objetos con YOLO11 y calcula índices de saturación peatonal por celda. Donde el instrumento tiene capacidad, la convergencia entre texto e imagen es alta. Donde no la tiene —clases COCO no diseñadas para detectar indigencia o consumo de sustancias— la limitación es del instrumento, y se reporta así.
Lo que enseña el enfoque
Los sistemas complejos no colapsan por una sola causa. El corredor Junín–Berrío no se vuelve inhabitable porque haya criminalidad, o ruido, o presión comercial. Se vuelve inhabitable cuando esas capas se acoplan de manera crítica en una franja horaria específica de un nodo específico. El colapso no es una propiedad estructural permanente del espacio; es un evento local y temporal.
Eso es lo que Husserl llamaría respetar el origen del fenómeno antes de formalizarlo. La simulación no describe la realidad; describe escenarios con supuestos explícitos sobre los que se puede razonar contrafácticamente. Los datos no hablan solos; requieren un marco filosófico que decida qué preguntas hacerles. Y la fenomenología no puede representar el espacio urbano sin reconocer que su divergencia inter-observador no es ruido sino información.
La ciudad es una pregunta sobre lo que los cuerpos pueden hacer en un espacio dado. Formalizar esa pregunta sin perder de vista que es una pregunta sobre cuerpos: eso es lo que este proyecto intenta.